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Apple Vision PRO – ¿La Utopía de las Smart Cities o el Camino hacia Ciudades Distópicas?

En la última semana, Apple lanzó Vision Pro, sus nuevos lentes de realidad virtual – o computadora espacial, como ellos los llaman — y rápidamente empezamos a ver circulando por las redes imágenes y videos que parecieran ser de ciencia ficción. Personas circulando por la ciudad, en su rutina cotidiana, semiaislados de la realidad, con una pantalla adherida a su rostro. Un chico escribiendo sobre un teclado no existente en el metro. Un hombre cruzando la calle mientras mueve los brazos como intentando desbloquear algo. Incluso personas manejando autos mientras ven vaya-a-saber-qué en sus lentes. Múltiples personas, en diferentes lugares públicos, habitando ciudades por medio de estos dispositivos. Un escenario, que probablemente no hubiéramos imaginado que sería realidad tan pronto, plantea múltiples preguntas (y pocas respuestas) acerca de cómo pueden cambiar los vínculos, la conexión con el entorno y, también, las ciudades.

Más de una década después de la masificación de los smartphones, es imposible negar cómo estos, principalmente a través de sus funciones vinculadas a la geolocalización, supusieron un cambio radical en la forma de vivir las ciudades. Es casi impensado, hoy en día, moverse por un área nueva o desconocida sin usar Google Maps. Cualquier ruta en auto, transporte público o servicio de car-sharing puede planearse y prever su duración con algunos clics. Incluso los lugares que elegimos visitar o evitar están signados por las valoraciones y los algoritmos. Es un hecho que la vivencia urbana se transforma al ser mediada por dispositivos y acceso a información geolocalizada en tiempo real. En muchos aspectos para facilitarnos la vida y, en muchos otros, generando complejas dinámicas urbanas con las que los gobiernos lidian de permanentemente. Los lentes de realidad virtual vienen a llevar este fenómeno a un nuevo nivel. ¿Qué puede esperarnos hacia futuro en nuestras ciudades si estos dispositivos efectivamente tienen el éxito esperado y se convierten en un ítem de uso masivo?

El hecho de Imaginar a gran parte de la población transitar el espacio público a través de una pantalla que filtra el 100% de sus experiencias puede parecer la panacea para muchos, principalmente para aquellos que ven a la ciudad como una gran vitrina para el consumo. Imaginen simplemente caminar por una calle y acceder a las reseñas de cada restaurante proyectadas directamente en la puerta. O poder ver señalizados todos los vehículos de car-sharing disponibles en la calle para seleccionar el más próximo como si lo estuvieras tocando. O incluso un nuevo tipo de publicidad virtual, segmentada geográficamente e hiper-personalizada para cada usuario, proyectada sobre paneles blancos reemplazando la cartelería publicitaria genérica. La financiarización de las ciudades en su máximo esplendor.

Si intentamos pensarlo desde la perspectiva de las smart cities y el IoT, es imposible negar que esta nueva tecnología abre un mundo de posibilidades. Desde ofrecer información sobre servicios en tiempo real, como horarios de comercios o tracking de transporte público, hasta aplicaciones GPS que permitan visualizar el camino plasmado sobre la calle misma. O inclusive la posibilidad de observar en el sitio los resultados de proyectos de intervenciones arquitectónicas y urbanas a futuro. Es, sin duda alguna, un dispositivo físico que viene a multiplicar las posibilidades que abren los “digital twins” o modelos digitales de ciudades.
Sin embargo, corremos el riesgo de que los modelos digitales se tornen ahora una otra versión paralela de la Ciudad. Una versión que ya no existe solo en una computadora, para fines de planeamiento y gestión, sino que puede ser experimentada en espacio y tiempo real, de manera permanente. De la misma manera que aplicaciones como Airbnb, Rappi o Uber modificaron las dinámicas de las ciudades, ofreciendo nuevos servicios urbanos on-demand, ¿no corremos el riesgo de enfrentarnos a un nuevo modelo de ciudades customizables on-demand? Ciudades que puedan ser configuradas en su vivencia virtual a gusto y necesidad de cada usuario. Múltiples ciudades, existiendo paralelamente en el mismo espacio físico, que cada vez ofrezcan más servicios virtuales en detrimento de la infraestructura física, pero solo disponibles para aquellos que tengan acceso a estos dispositivos. La segregación urbana llevada a un nuevo plano, entre lo físico y lo digital.

La tecnología ya llegó y se está esparciendo rápidamente. Que este futuro urbano distópico no se haga realidad, dependerá de nuestra capacidad de diseñar, construir y gestionar ciudades que sean ámbitos más amables, convivales y vivibles que aquellos que puedan ser generados por medio de una pantalla.

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